Jueves, 22 Marzo 2018 16:10

¿Por qué los curas son pedófilos?

Por Daniel Emilio Mendoza
¿Por qué los curas son pedófilos? Daniel Emilio Mendoza abogado penalista y criminólogo, autor de la novela El Diablo es Dios de Editorial Planeta.

A los Padres de Familia.

Al Psiquiatra y Senador Juan Luis Castro Córdoba y al abogado penalista Elmer Montaña, quienes conscientes de la grave problemática, han denunciado hechos y han apoyado víctimas, convirtiéndose en blanco de hostigamientos y amenazas.

En México el cura Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, durante más de 3 décadas, desde 1941 hasta 1972, con la bendición del Vaticano que conoció de las denuncias de varios padres de familia, violó a centenares de menores en la enfermería de los internados que administraba la Iglesia. Albert Salvans Giralt, Pere Cané Gombáu y Andreo García, son los tres curas pederastas que tenían como hobbie humillar, torturar y someter sexualmente a varios de los menores que eran recogidos por la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol. Según las víctimas, los niños se convertían en esclavos sexuales a quienes obligaban a participar en fiestas y bacanales orgiásticas conocidas por el Papa Pablo VI, quien ni se inmutó con la perversidad de las aficiones de estos tres prelados, que por orden del Arzobispo Carles Soler Perdigó, del Cardenal Ricard María Carles Gordo y amparados por la cúpula entera del Arsobizpado de Barcelona, fueron encubiertos y enviados a cuidar más niños en la Parroquia de Kentish Town, donde eran otra sotana cualquiera que nadie conocía. Al clérigo Rudolph Kos no le alcanzaba la noche para desangrar su espalda, solía azotarse hasta la madrugada después de violar a los niños que visitaban la rectoría de la Iglesia de San Juan en Ennis (Texas).

Siempre supo que para él no había remedio, por eso escribió una carta kilométrica y autobiográfica en la que además de narrar cada uno de sus encuentros con los menores, le pedía a su superior el Obispo Charles Grahmann que lo internara en un sitio donde pudiera recibir ayuda y donde la Iglesia no le fuera a poner niños al frente. Grahmann, en palabras del cura violador, le dijo que Dios habría de acompañarlo, le rompió la carta en la cara, y ni lo recluyó ni lo hizo tratar, ni mucho menos lo denunció. El Obispo tuvo a bien poner al cura a buen resguardo, trasladándolo como párroco a otra más de las iglesias en la que siguió abusando de los tantos menores, que le sumaron años a su condena infinita de tres cadenas perpetuas a la que se hizo merecedor en 1997. Cuando empezaron a sonar las denuncias hechas por los niños sordos de escasos recursos que residían en el Instituto Católico Provolo ubicado en Verona Italia, el Vaticano decidió exportar a la Argentina a las decenas de curas pedófilos que cuidaban de los menores, ubicándolos en parroquias y colegios de Buenos Aires y Mendoza. Los recuerdos de las víctimas, niños sordomudos que educaron los curas en el instituto desde 1950 hasta 1980, son perturbadores, no se contentaban con acceder carnalmente a niños de hasta 5 años de edad, sino que los amarraban y golpeaban en extensos rituales sadomasoquistas.

Son cientos de miles, millones pueden ser, de acuerdo a las estadísticas que tratan de evidenciar los casos no reportados. Es bien difícil saber cuántos de los sacerdotes que nos acechan son pedófilos. Los datos rozan el 30 por ciento (Pepe Rodríguez- Pederastia en la Iglesia Católica 2002) y algunos de los curas y ex seminaristas que pude entrevistar, opinaron que dada la soterrada oscuridad que reina en las casas curales, la cifra puede llegar a doblarse. Los estudios muestran cifras y proyecciones descomunales, y cada vez más víctimas alzan la voz. Estados Unidos, Australia, Irlanda, Gran Bretaña, España, Asia, Rusia, Noruega, Dinamarca, Méjico, Guatemala, Salvador, Panamá, África, Sur América…por donde van pasando los curitas dejan reguero.

Decirlo suena a refrito, pero nadie ha sido lo suficientemente claro: La Iglesia Católica es una fábrica de pedófilos.

Y si no es así ¿Entonces cómo explicarlo? Es como si el Vaticano pusiera carteles en los seminarios de “Se Reciben Pedófilos…. y esto no pasa. Otra explicación podría ser qué a los seminarios atraídos por la publicidad y el voz a voz, llegaran en manada los pederastas buscando presas fáciles, de esas que llegan a las casas de adopción, a las capillas y a los colegios católicos a los que normalmente asisten los niños más humildes y desvalidos. Pero es que un pedófilo que quiera ejecutar sus fantasías o un pederasta con la compulsión al rojo, no se interna 9 años en un seminario a estudiar teología y filosofía para qué al lobo feroz disfrazado con esa túnica negra, al cabo de tanto libro y catedra oscurantista, le entreguen un pedazo del rebaño. No. Eso tampoco pasa.

La única conclusión lógica es que hay algo en la educación del seminarista que le mueve las tuercas y que lo transforma en un compulsivo abusador de menores. Testimonios y estadísticas lo demuestran y nadie se atreve a decirlo: Los curas no nacen pedófilos, la iglesia los convierte en ello.

Me voy a sumergir hasta el fondo, hasta sacar arena. Trataré de descifrar cuáles son las estructuras simbólicas que afectan la psiquis de los prelados. ¿Cuáles son los ingredientes secretos de ese coctel molotov que les explota en la cabeza?

Las razones de algunos a mí como criminólogo, no me convencen. Culpan al celibato, pero no es suficiente. Que el celibato los vuelve gais y la homosexualidad es el detonante de la pederastia. Muy falso, la homosexualidad no es una parafilia y la tasa de abusos de niños violados por alguno de los padres en parejas gais, se acerca a cero. Los que violan a sus hijos son los heterosexuales, no los gais. No por el hecho de ser homosexual se es pedófilo, ningún estudio ha señalado la homosexualidad como condicionante de la pedofilia. Además, cómo explicar el hecho de que alrededor del mundo existan miles de cultos célibes que tienen contacto con menores y sus prelados no los violan. En Tailandia es una tradición que a los monjes budistas les entreguen los niños desde los 8 años para su formación…y no los violan. Los Acetas hindúes, también célibes, inducen niños en prácticas contemplativas de introspección espiritual, pasan meses con ellos, los ven crecer con la venia de sus padres … y no los violan. Los Jainistas exigen a sus monjes consagración plena en las enseñanzas de las tres joyas de la espiritualidad: correcto conocimiento, correcta visión y correcta conducta, estas tres joyas son la base de la educación de miles de niños que educan diariamente en sus monasterios …niños a los que jamás violan.

La única congregación religiosa cuyos ministros están obligados a practicar el celibato y que es reconocida por tener a sus órdenes un ejército de voraces violadores de niños, es la Iglesia Católica y esto me lleva a concluir, analizando las razones de tal exigencia, que la Iglesia convierte a sus prelados en pedófilos buscando perpetuar la fortaleza económica del Vaticano, que se sostiene a partir del hecho de que los prelados no tengan a nadie a quien repartir nada, cuando les llegue la hora. Por eso es que los curas no pueden casarse, porque eso significaría quitarle plata a la Iglesia y es por eso que la principal misión de la formación eclesiástica, no es lograr que los curas sean célibes, sino que no embaracen mujeres para que así sea la Iglesia la única heredera de lo que en vida ha hecho cada uno de sus prelados. La educación de los religiosos está dirigida a que en su mente no tengan cabida las mujeres para que no les salgan preñadas las monjas, ni las empleadas que barren las iglesias, ni las viudas de confesionario. La Iglesia Católica, en su búsqueda maquiavélica por lograr dicha finalidad, utiliza una estrategia tan práctica como monstruosa: Desde hace siglos ha venido conduciendo el deseo sexual de sus venerados apóstoles hacía los niños.

Es imposible convertir a un homosexual en heterosexual. La condición sexual puede cambiar con el tiempo, cualquier persona con los años puede cambiar sus preferencias sexuales, pero es imposible dirigirlas a través de factores externos. La Iglesia Católica ha logrado ese imposible: A través de la educación y de la formación eclesiástica, ha inyectado los simbolismos necesarios en muchos de sus sacerdotes, que son hombres con su carácter ya formado, enrutando el cause de su sexualidad hacia los niños en procura de prevenir esos embarazos que debilitarían económicamente a la institución, porque si bien hoy en día lo que se han gastado en abogados e indemnizaciones le está haciendo un hueco histórico a sus arcas descomunales, lo cierto es que la Iglesia, con sus palacios dorados y sus pompas ministeriales, sus bancos, sus tierras, sus tantas inmensas catedrales, sus costosas propiedades alrededor del mundo, no existiría si cada sacerdote hubiera sido dueño de su parcela de fe con la que tuviera que alimentar a su esposa y a sus hijos. No habrían pedófilos en ella, pero como tal, esa, la Romana, la Santa, aquella multimillonaria y poderosa corporación, esa Iglesia católica y apostólica, la que es, la que fue, la que ha venido siendo y la que será siempre … no continuaría en pie, si los curas tuvieran esposa.

El celibato es una práctica que choca de frente con la naturaleza del hombre y lo deshumaniza desde sus más intrínsecos fundamentos psíquicos. Se requieren métodos de contención emocional para llevar una vida apacible y armoniosa cuando la sexualidad es dejada por completo a un lado. La meditación es una constante en las religiones budistas e hinduistas. Técnicas milenarias practicadas diariamente con disciplina y constancia, hacen que los monjes trasciendan las necesidades físicas, llegando incluso a estados en los que pueden permanecer semanas enteras sin comer y sin dormir. La meditación ayuda a poder contener eficazmente las pulsaciones sexuales naturales de cualquier ser humano. Ahora bien, de algo podemos estar seguros, si estos monjes no meditaran, andarían buscando entre adultos la gratificación de sus necesidades sexuales. Ellos no se fijarían en los niños. No cualquier hombre puede tener una erección al ver a un niño. No cualquier hombre erotiza sus emociones pensando en un infante desnudo. No es común ni fácil ser pedófilo. Esa fantasía encaja en la cabeza de muy pocos, porque la naturaleza humana no está diseñada para que la mente le diga al cuerpo que es gratificante acceder carnalmente a un niño. La sexualidad sana se da entre pares. La química del deseo proviene de la gratificación mutua, poco importa si se da con un hombre o con una mujer y es irrelevante también si se estructuran roles sexuales (por ejemplo hombre dominante- mujer dominada) la finalidad siempre será lograr el clímax en un plano de igualdad y si se cede ante el estereotipo de dominación, se hace en pro del placer mutuo. La búsqueda del placer se basa en la igualdad, el equilibrio y el consenso, incluso si es fingido, como en el caso del hombre que visita asiduamente a las prostitutas y le gusta creer que no le están teatralizando los orgasmos, o sin ir muy lejos ¿Por qué creen ustedes que tantas mujeres, todos los días, le fingen el gemido al marido? La dinámica de la excitación es generosa, equitativa e igualitaria, o por lo menos pretende serlo: Yo me excito porque tú te excita. Me excita que te existes. Reitero, dejando a un lado el juego del sadomasoquismo que es consensual y pactado entre adultos, que buscan una forma un tanto inusual de entrenamiento mutuo, lo más común no es que una persona se excite viendo a la otra sometida, completamente manipulada, humillada, obligada y desvalorizada. Esta edificación psíquica del placer es una constante en el ser humano y es por eso qué de acuerdo a los estudios, menos del 1% de los seres humanos tiene fantasías con menores de edad (Universidad de Montreal - 2014), es decir, la Iglesia Católica estaría congregando a casi todos los pervertidos del mundo…lo cual, tampoco es lógico.  

¿Qué los vuelve pedófilos? ¿A lo largo de la historia, entre Papas y Cardenales, como han logrado envenenar a los curitas? Eso precisamente es lo que voy a tratar de descifrar mezclando un poquito de todo, sacando de la maleta algo de sociología, psiquiatría y de los estudios criminológicos que abarcan las sociopatías y compulsiones, porque eso es lo que son todos los curas: Unos sociópatas en potencia permeados por estructuras simbólicas tan poderosas, que hacen que todos sin excepción estén mucho más expuestos que cualquier otra persona del planeta, a sufrir de compulsivos delirios pedófilos y a convertirse en consumados pederastas irredimibles. Yo aquí deduzco, planteo hipótesis, es en el Vaticano donde tienen la receta. La guardan escondida los cardenales entre rezos y susurros, llevan siglos sancochando a los párrocos en ella, la comparten todos en los pasillos, cada uno de los Papas se la sabe de memoria, ese menjurje sicológico es el que sostiene los cimientos de aquella poderosa congregación, pero de allí no ha salido. Allá saben exactamente cómo convertir a un ser humano sano mentalmente, en un compulsivo psicópata obsesionado por los niños.

Un sociópata no se construye en un momento. La historia personal de cada ser humano es la que direcciona su actuar de cara a situaciones específicas, esa historia forma y deforma estructuras psíquicas, pudiendo convertir a una persona en uno de ellos. Hay quienes se emborrachan y se quedan dormidos, otros en la borrachera llegan a casa a patear a la esposa, algunos cuando chocan llaman al seguro, otros convierten la calle en un campo de batalla, todo depende de lo que tienen en la cabeza y lo que allí anida depende de sus vivencias, que son las que estimulan los comportamientos y las tendencias derivadas del componente genético que los caracteriza. Somos sí, es cierto, somos cada uno en uno mismo, hay entidades genéticas que en algo nos determinan, nacemos con bichos dentro, pero son los contactos sociales y los hechos vividos los que despiertan o adormecen los fantasmas que pueden llegar a dominarnos a perpetuidad.

No es un brote pasajero el que sufre un pedófilo, es una compulsión qué en un principio, en la fase fantasiosa, puede perturbarlo y ensombrecerlo. Unos pocos, la inmensa minoría, sufren de angustias y depresiones severas, y buscan ayuda. Si al pedófilo fantasioso se le esculca, a punta de psicoanálisis y terapias grupales puede entender qué fue lo que parió los engendros, más exactamente, cuales fueron los hechos vividos que se convirtieron en los símbolos, que gestaron en él esas ficciones antagónicas al curso normal de la naturaleza de todo ser humano, sin embargo, cuando cruzan la cerca y ejecutan la ficción que los manipula, cuando abusan del menor, no hay vuelta atrás, la compulsión es ingobernable y la gran mayoría de ellos deja de sentir remordimientos. La justificación psíquica de sus actuaciones criminales deviene precisamente de los símbolos que lo hayan permeado durante su vida.

El control y el poder son conceptos indispensables para precisar la génesis de un pederasta. La forma de concebir el control y el poder es lo que puede convertir a una persona en pederasta y las diversas situaciones que haya vivido la persona a lo largo de su vida son las que matizan estos conceptos en ella. El poder y el control fundamentan el concepto de Dios como divinidad que todo lo gobierna y que todo lo controla. El hombre se inventó a Dios para explicar lo inexplicable, la salida del sol, el curso de las mareas, la procreación, el calor, el frio o la lluvia que le daba vida a las cosechas. La invención puede ser incluso edificante y constructiva. Dios puede ser el derrotero de la ética y la moral en algunas personas, un elemento mágico y alquímico que puede ayudar a construir una escala sana de valores. El problema surge cuando el concepto se materializa en el hombre mismo. Cuando el hombre quiere ser Dios, sentirse Dios y gobernar como Dios.

Los pedófilos, como los heroinómanos, se hacen adictos a sentir el poder de Dios. La comparación no es gratuita, el heroinómano define la sensación del primer chut como sentir el universo entero en su cabeza y ser él quien lo gobierna. Con un chut de heroína los yunkies sienten el poder de Dios. Eso es lo que siente un pedófilo cuando viola un niño. Que lo controla todo: Que Dios es él.

¿Qué lleva a alguien a querer convertirse en Dios?

La pregunta se responde analizando la historia de vida del individuo y deteniéndose en los símbolos que han logrado patear su estructura. Un ser nacido en condiciones infrahumanas, en la más absoluta pobreza, subvalorado y maltratado por sus propios padres, puede llegar a querer ser Dios por razones completamente diferentes a aquel que ha nacido en la riqueza y en la opulencia. Para esa persona, el infortunado, sentir el subidón que significa controlarlo todo, es muy gratificante. Es la única forma en que podrá sentir que controla algo o a alguien. ¿A quién, por ejemplo, puede controlar un indigente? Controlar el universo por un momento significa ser Dios y eso solo lo logra cuando ejecuta su fantasía pederasta. Cuando viola al niño está estirando el brazo, golpeando la vena y desocupando la jeringa dentro de sí. Ahora, el millonario que nace como príncipe y que durante su vida estuvo expuesto a acciones simbólicas que le hicieron ver a los que no eran de su clase como animales, llegando a deshumanizar a los pobres y por consiguiente a divinizarse a si mismo, sumado a la adicción al control que ha ejercido durante su vida sobre otras personas, lo hace querer controlarlo todo. El millonario podrá tenerlo todo, yates, carros y jets, corbatas Ferragamo y lampareros Rolex de oro, miles de empleados en sus miles de fábricas y oficinas, pero siempre querrá tener más si es un adicto. El millonario teniendo muchas, compra otra empresa no porque quiera otro yate además de los que tiene, ni otro reloj, ni otro carro ni otra casa en la playa. Esa nueva empresa la compra porque quiere controlar más, tener control sobre mas personas y situaciones, pero por más que controle jamás podrá controlar un universo y algunos, en la cima de su compulsión adictiva, llegan a desear ser Dios para tener el poder total sobre un universo… y un universo es un niño. Para ser Dios y dominarlo solo hay que violarlo. Violando a ese niño el pederasta siente el poder de Dios en él y convertirse en Dios lo justifica todo.

Como el yunkie, adicto a la heroína, el pederasta no puede frenar el impulso estando al frente de un menor. Dejar un niño a cargo de un pederasta, es como darle a cuidar a un heroinómano una jeringa cargada.

Aclaro, la gran mayoría de los pobres e indigentes no son pedófilos, ni tampoco los millonarios tienen como afición común las orgías con menores. No. Reitero, es muy extraño que esta patología psiquiátrica anide en la mente de una persona, se requiere de la interacción de varios elementos y componentes sociológicos, psiquiátricos y hasta genéticos para que a un hombre se le pare con la chifladura de creerse reencarnado en el creador omnipotente. Estas son solo las razones históricas que desencadenan la obsesión en la mayoría de ellos.

Hasta aquí todo viene siendo obvio, el carácter irrefrenable de la compulsión se explica por sí misma. Es evidente la imposibilidad de contención que es tan común en todo pederasta y que nos lleva constatar lo que todos sabemos: Que no se curan nunca y que si están solos con un niño al frente no pueden dejar de violarlo.

Lo complejo es entender cómo se logra sociopatibilizar personas que ni siquiera han estado expuestas a dichas cargas simbólicas esenciales y que no fantaseaban nunca con niños, como lo han testificado alrededor del mundo la gran mayoría de los sacerdotes pederastas que se han atrevido a hablar del tema: A la Iglesia entran por vocación de ayuda y un gran sentimiento de generoso humanismo y sensibilidad social, allí, dentro, es que empiezan a pensar en niños. Muchos de esos violadores de Rosario en pecho, aseguran ni siquiera ser homosexuales y no entienden bien de donde les nace esa fijación por los menores.

Así como la ecuación sana del deseo, de aquel que no es parafílico, se sustenta en la equidad y el equilibrio, el fundamento de la excitación en un pederasta, por el contrario, es la desigualdad.

Los simbolismos que permean al millonario cuando lo someten desde pequeño a tener un sequito de choferes y empleadas, le sirven y se humillan a sus pies, que no comen en su mesa y que viven en condiciones infrahumanas, hace que vea a los pobres como seres inferiores.

El pederasta pobre y miserable necesita buscar esa desigualdad para sentirse, así sea por instante, superior a alguien y lograr elevarse y sentir algo de ese poder que no ha saboreado jamás. Son los símbolos que han estructurado la vida de cada pederasta los que hacen que rompa los límites. Al no existir esos linderos de contención sienten que no están cometiendo ninguna actuación criminal si violan un menor. ¿Pueden creer que hay movimientos y grupos en redes que abogan por la legalización de la pedofilia, porque la consideran natural? La falta de limites es la principal característica de un sociópata. En un pedófilo, provenga de donde provenga, la desigualdad resumida en el poder y control que emana de ella, viene siendo la principal razón para no tenerlos.

¿Y cuál es la relación más desigual y desequilibrada que existe?

No existe nada más desigual que la relación del ser humano con la divinidad, Dios todo lo puede, dicen los cristianos, y es verdad, en el imaginario colectivo las catástrofes, los terremotos, los incendios, las inundaciones, las sequías y las hambrunas, la muerte genocida y devastadora de la naturaleza es producto del señor que nos castiga. Dios todo lo puede, Dios, como todo buen psicópata no tiene límites y la Biblia es un reconocimiento a su arraigado comportamiento enfermiso. El Dios de la Biblia es devastador con quien no le rinde culto y quien lo tiene como aliado en la batalla, cuenta con un arma catastrófica. Dios es inmisericorde, culpa alguna podrá atribuírsele y todos esos crímenes bíblicos estarán justificados, desde las masacres comandadas por David, pasando por el secuestro de mujeres y niños del Deuteronomio, hasta el asesinato de todos los bebés primogénitos egipcios en manos del Ángel Exterminador sugerido a Dios por el mismo Moises.

¿Y si Dios puede matarlos, quién dice que no puede violarlos? Ahora, viniéndonos a este mundo: ¿Si confrontamos a un adulto con un niño, no estamos frente a la situación más desigual y desequilibrada que podamos imaginar?

La relación entre un adulto y un niño, desde un punto de vista meramente cuantitativo, teniendo en cuenta exclusivamente la fuerza y el poder de cada uno, es lo más parecido que existe a la relación de Dios con el hombre.

La primera labor de la Iglesia es gestar en los curas un arraigado deseo de transformación en entidades divinas, después los convence de haberlo logrado. Los párrocos casi que con unanimidad, señalan que labran en su mente, cual estigmas, la idea de ser enviados de Dios. Los inducen a creer que Dios fue el que los matriculó en el seminario, después los llevan a alucinar que él está en su voz y que lo tienen metido adentro. Ellos son Dios en la tierra. Ese es el filo del patín que les raya la cabeza. He aquí la diferencia: Una cosa es amar a Dios y creer en él. Otra muy diferente es creerse Dios. En esa creencia radica el germen que produce la pedofilia. Y allí empieza a ensuciarse el caño.

Cuando el seminarista se empieza a excitar con aquella desigualdad que frente a los humanos significa ser Dios y fantasea con traducirla a la realidad, es cuando le empiezan a aparecer niños empelotas volando en su cabeza.

La forma que tiene Dios en la Iglesia Católica influye mucho. Es un simbolismo muy poderoso. Los Budistas desmitifican la imagen de Dios. No está claro incluso si para ellos existe un Dios. Hablan de energías y karmas pero no tienen una deidad arriba llamada a manipularlos. El Dios de cada noche en el seminario es aquél que sostiene los lazos, es quien mueve las marionetas, a quien deben obediencia, quien los controla. Dios viola a los seminaristas cada segundo de su formación clerical. La Iglesia es una violadora de sacerdotes porque ejercer el control sobre la sexualidad es una forma de violación. Imponer la contención sexual, obligar a alguien a anudar sus instintos más básicos amenazando con causticas imágenes infernales que traducen la noción de pecado, es el más abrupto de los abusos, porque se estupra la consciencia y la estructura que sostiene el carácter del ser humano. La sexualidad define la psiquis. Sujetar a los seminaristas durante casi una década de estudios a estas cadenas psicológicas, a esta relación de control con la institución que los gobierna, es añadir a los curitas otro de los ingredientes comunes a la fritura que tiene en el cerebro todo pedófilo: El deseo de control. Violar a un niño viene siendo la corroboración del poder con que Dios ha investido a los curas. Es una actuación ministerial, es la consagración en su apostolado divino, la ejecución veraz y objetiva de su magisterio.

¿Por qué alguien quiere ser Dios? Por encima de todo, para controlar. Como muchos pederastas que sufrieron violaciones en su infancia y sintieron lo que era ser objeto de control, los curas son manipulados, maniatados y gobernados psicológicamente por la Iglesia. Ellos están en la misma búsqueda del pederasta que persigue la sensación del violador que alguna vez, cuando era niño, lo violó haciéndose dueño por unos minutos de su universo. A los curas los viola el vaticano, la biblia, las doctrinas represivas y oscurantistas. Mientras son violados se sienten controlados por esas fuerzas poderosas, por eso buscan a los niños, porque necesitan sujetar a un ser indefenso al mismo control que vivieron cuando la Iglesia los hizo sentir como cucarachas frente al poder de Dios. Cuando salen del seminario la verticalidad de la relación se invierte, al ser ellos Dios, son superiores, están arriba…los niños son criaturas diminutas frente a la grandeza que han adquirido.

Los pastores cristianos también sienten a Dios dentro de ellos, pero es que los cristianos tienen novias mientras se forman, se casan y llevan la vida familiar común a todo ser humano. Y no les hablan mal de las mujeres…ni siquiera creen en esa Virgen tan santísima a la que tanto alaban los clérigos católicos.  

Y ahí precisamente está la cereza que les convierte ese pastel neurológico de complejos y represiones en la fuerza inevitable e incontenible que hace de esos Padres que reparten bendiciones, unas imparables maquinas violadoras de pequeños. Los dos elementos atómicos que producen la explosión: La misoginia, que es el rechazo, el miedo, el asco perpetuo hacia la mujer y la sublimación de la castidad como elemento de salvación eterna.

La castidad como fundamento de salvación se repite constantemente en las enseñanzas biblicas con las que adoctrinan a los clérigos. La fuerza de la asexualidad, la pureza como virtud son conceptos precisos reforzados por imágenes y símbolos que terminan chapaleanado en el cerebro. Créanlo, tanto angelito culirosado acariciando las barbas de ese señor blanco que nos mira a todos desde arriba, les colorea los sueños. La castidad está en los niños. El símbolo de pureza por excelencia es un menor. Un niño no puede infectarse de aquella plaga reproductiva a la que tanto le temen los jerarcas. Un niño no da a luz. Un niño es inmaculado en cuerpo, mente y alma. Un niño es inocente. La culpa es de ellos, de los pequeños por ser tan inocentes, así lo expresó sin que le temblara la voz Joseph Mikalik, arzobispo y líder de la iglesia católica polaca, los coros se los hizo Gino Flaim, párroco encargado de la diócesis de Trento, quien se atrevió a añadir que los curas no tienen la culpa de que los niños busquen en ellos afecto, repitiendo precisamente, (sin saber que lo estaba haciendo) la excusa más común en los pedófilo judicializados: Un pederasta nunca es consciente de la gravedad de su actuar. Quién los manda a ser niños y estar cerca de ellos. Los niños son los responsables de administrar las cargas nocivas que en el pederasta genera su inocencia.

Los curas abusadores además de echarle la culpa a esa sinuosa inocencia infantil, sienten estar teniendo relaciones sexuales con un ser tan puro como ellos. Es como si un niño no los contaminara de pecado, como sí lo haría una mujer que es fuente del mismo, inductora y determinadora del crimen de Adán, enviada del mal que merece el repudio bíblico. La Virgen, Doña María, es la única mujer pura, las otras están untadas de mierda. Una mujer es tan nociva, que bien puede embarazarse para así hacer caer en desgracia económica a la Santísima Iglesia Católica, porque después de una, vendría la otra, la otra y la otra, y todos los curitas tendrían una cola de bocas que alimentar ¿Y así con qué le van a lustrar el palacio al Papa de turno? Nada más explícito que la declaración del Padre Don Piccoli, uno de los violadores de los niños sordos en Verona, cuando afirmó literalmente que las violaciones durante décadas no eran graves porque “eran niños, con los niños no es pecado, el pecado se hubiera consumado si los curas nos hubiéramos acostado con mujeres” Así dijo, literal oyeron… literal.

Entonces, los curas con la cabeza amansada, tras el desayuno diario de estímulos implícitos en frases, cantos, rezos, pinturas, pasajes, salmos y versículos, con esa estructura de simbolismos que les inyectan en la cabeza mientras están alienados del mundo durante los casi 10 años en el seminario, con todos esos dogmas con los que pernoctan y conviven convirtiéndose en la sustancia de sus sueños y fantasías; y ya con los hábitos puestos y la parroquia asignada, salen a ejercer su labor de Dioses en la tierra. Sin leyes que los gobiernen, sin culpas que los fustiguen, sin linderos en su cabeza, sin límite alguno que los lleve a cuestionar sus actuaciones, salen a controlar, a ejercer su mandato universal y los niños son esos diminutos universos a los que tienen todo el derecho de someter y subordinar.

Y es así como los curas salen del seminario con la cabeza y el cuerpo programado para violar niños.

Por eso es que llega tarde la orden del Papa Francisco, proferida en el 2016 por su vocero el obispo O´Maylley, que obliga a los Obispos a renunciar si encubren a los párrocos que hayan abusado de menores. Lastimoso es que Francisco, ese Papa tan carismático, no hubiera recibido esa misma orden de su superior el Papa Juan Pablo Segundo, cuando era un simplón obispo Argentino de apellido Bergoglio que, en palabras casi textuales del valiente Carlos Lombardi, abogado de la Red de Sobrevivientes de Abuso sexual Eclesiástico en Argentina e Italia, fue el Papa que encubrió abiertamente a todos los curas violadores del Instituto Provolo para niños sordos que el Vaticano trasladó desde Italia a Suramérica.

No fue muy coherente con sus instrucciones actuales nuestro Papa, el Bienaventurado Francisco, cuando designó en la curia vaticana a Sandri, Pell, Turkson, Rodriguez Madaira y al mismo O´Mailley su fiel vocero, cardenales considerados los mayores encubridores de pedófilos de la Iglesia, al punto de hacer parte del grupo que ganó a pulso el sobrenombre de la “docena sucia”, ni cuando expulsó de la comisión de tutela de menores al Abogado Peter Saunders, uno de los pocos que luchaban en contra de la corriente y que pusieron el dedo en la llaga denunciando Cardenales, Obispos y Párrocos. Ni cuando amparó, sacando de Republica Dominicana, a escondidas y de afán, al Nuncio Apostólico Jozef Wesolowski, quien iba ser llevado a juicio por pederastia y violación de varios menores, o cuando protegió a 25 obispos franceses encubridores de 39 sacerdotes acusados de violar 300 niños, y hay más, mucho más, lo que pasa esta no es una biografía del Santo Padre.

El Papa Francisco es un oscuro Darth Vader con cara de Yoda que encubrió pedófilos y está rodeado de encubridores. Por más decreto Papal, por más advertencia vaticana, la norma imperante que le hacen repetir a cada seminarista y que debe tener tatuada en cada una de sus neuronas, es y no ha dejado de ser, que “De acuerdo a la tradición apostólica, los asuntos internos se deben tratar de manera interna”. Principio al que la iglesia católica no solo ha dado cabal cumplimiento sino que es el derrotero de sus actos legislativos, como nos lo muestra la Sacramentorum Sanctitatis Tutelae, decreto proferido y firmado por el propio Papa Ratzinger, en el que se proclamaba a la Iglesia Católica como la única competente para investigar la pedofilia de los prelados, obligando a todos los curas a mantener el secreto si llegasen a intuir que alguno de sus colegas ejecutaba la parafilia. A todos sus miles de Santos Apóstoles Ratzinger les recordó el deber, so pena de expulsión, de guardar completo silencio ante las autoridades, si llegaban a conocer de algún caso de pedofilia en el que estuviera vinculado un colega e informar directamente a Roma de los hechos donde el trato habrá de ser conocido por un tribunal eclesiástico ad hoc, que en la mayoría de los casos, recomendará el cambio de parroquia o el retiro en oración en alguna viña eclesiástica durante algunos meses.

El Vaticano y sus altos jerarcas han venido obrando como mafiosos al cuidado de una gran familia, esto se hizo evidente cuando la cadena norteamericana ABC develó que James Quinn, Obispo de Cleveland, durante un seminario pontificio, aconsejó el ocultamiento de pruebas y destrucción de las denuncias anónimas que expusieran hechos que involucraran religiosos con el abuso y la violación de menores.

Por los siglos de los siglos ha venido reinando la impunidad en la casa de Dios. Al cura violador lo mandan bien lejos a que se haga cargo de otra parroquia repleta de infantes de pantalón corto que le juegan al lado. Es la forma que tiene la Iglesia de reforzar el simbolismo: Ellos son Dios en la tierra y a Dios nadie lo juzga. Dios siempre habrá de salir impune. La impunidad es otra constante en la matriz de los sociópatas. El pedófilo destruye los linderos sicológicos sintiéndose Dios y a Dios nunca le pasa nada. A los curas les transmiten de forma explícita e implícita que nada les va pasar si se desahogan con los niños. El pecado estaría en que lo hicieran con una mujer, tal y como bien lo supo expresar el violador de Verona. Ellos son Dios y la Iglesia que gobierna todas las fuerzas del Universo, los cobija con su manto.

¿Algún sorprendido con la actitud de las altas autoridades eclesiásticas? Yo no. Es obvio. Nadie puede esperar que el Vaticano eche al agua a sus representantes. ¿Cómo va a denunciar la Iglesia y el Vaticano a quienes practican sus enseñanzas? ¿Cómo no los va a encubrir y proteger, si ellos obran conforme al credo que les inculcan? La Iglesia Católica es la madre de la pederastia, no puede mandar a la hoguera a sus propios vástagos. Una madre amará por siempre a sus hijos más aplicados y consagrados.

¿Ahora, con qué se me van a venir algunos? ¿Ah? …advierto, no estoy diciendo que a quien lea la Biblia le van a empezar a gustar los niños, o que la resandería transmita el virus de la pedofilia. No minimicen. Yo me limito a dar a conocer únicamente los ingredientes. La receta exacta, las dosis, las cucharadas y porciones, la forma de revolverla, la temperatura del fogón, eso lo saben dónde lo preparan. Allá en Roma en la Plaza de San Pedro está el chef vestido de blanco dirigiendo la cocina, sentado en su inmensa silla dorada frente al pulpito que persigna sus culpas y se arrodilla a sus pies. Hoy solo me puedo a atrever a sacar la cabeza del agua y pegar un grito que ojalá algunos escuchen.

Lo digo en voz alta, con el más puro y transparente convencimiento, sin sentir ni por un momento que estoy siendo injusto ni mucho menos desproporcionado, parado en el centro, sin ningún agujero político en mi consciencia, de frente, sin agachar la cabeza, mirándolos a todos a los ojos, especialmente a los padres de familia del mundo entero que tienen a sus hijos al cuidado de los clérigos: Donde hay curas hay pedófilos. Siempre. Y por eso a donde haya curas tiene que llegar la Fiscalía a buscar y a indagar, a interrogar a los niños, a los empleados y a los propios curas. A cada colegio católico, a cada parroquia, a cada guardería eclesiástica deben llegar las autoridades a impedir que esa parvada de buitres en sotana, continúe saciando sus instintos compulsivos a costa de la vida de tantos millones de niños en el planeta.

Bogotá Colombia, Marzo 22 de 2018.

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